Obrero o jornalero,
imagen de vocación-misión en Mt 9,36-38



A modo de introducción…

La vocación y misión de una persona parala cnostrucción del Reino de DIos es tan gratuita como misteriosa. Si carece de las condiciones, el Señor de tierra y cielos se encargará de crearlas.

Esto ocurre con la imagen de obrero o jornalero. Un símil sorprendente porque -a diferencia de lo que se podría pensar- tiene que ver con el encargo magisterial y taumatúrgico en el particular horizonte teológico del juicio escatológico y la venida del Hijo del Hombre.

Que el presente estudio bíblico de “obrero” como imagen de vocación y misión nos ayude a perfilar nuestro papel en la construcción del Reino de Dios

1)- “Obrero” o “jornalero” en el NT y en el siglo I

1.1- “Obrero” en el NT: término y frecuencia

Además de “pescador de hombres” y “pastor”, la nueva imagen con que Jesús designa la vocación y misión de sus discípulos es obrero o jornalero (ergátes en griego), vocablo que no se encuentra en Marcos y que sí aparece 6 veces en Mateo (9,37.38; 10,10; 20,1.2.8) y 5 veces en la obra de Lucas (Lc 10,2 [2 veces]; 10,7; 13,27; Hch 19,25).

En san Juan no se halla y en el resto de los escritos del NT se encuentra 5 veces; los textos son: 2 Cor 11,13; Fil 3,2; 1 Tim 5,18; 2 Tim 2,15; Sant 5,4.

1.2- “Obrero” en el siglo I dC.

La Palestina del siglo I dC. es un pueblo eminentemente agrícola como la mayor parte de los pueblos antiguos. Las tierras particularmente cultivables son las del Norte. En cambio, por la configuración geográfica del Sur (Judea), predomina la ganadería, tanto de ganado menor (ovejas y cabras) como mayor (vacas y dromedarios), fuente importante de carne, leche, cuero y lana.

Entre los cereales, se cultiva sobre todo el trigo y la cebada. En las tierras del centro y del norte, el rendimiento es abundante. Gran parte de las cosechas se exporta a Roma. Para la subsistencia de la familia se mantienen y cultivan pequeños “huertos familiares”.

Entre los árboles frutales, sobresale el olivo que se utiliza para producir aceite; en Jericó las palmeras, cuyos dátiles se preparan como exquisito alimento. También se cultivan plantas olorosas que sirven para la fabricación de perfumes y para embalsamar a los muertes. Olivos, higueras y viñas son las plantaciones características de Palestina.

En este mundo preindustrial y agrario del siglo I, el “obrero” o “jornalero” es una figura central, pues de él depende la prosperidad del país y de las familias dueñas de tierra. Por “jornalero” se entiende en sentido estricto al trabajador que por el jornal de un día (Mt 10,10; Lc 10,7) se contrata en labores agrícolas (9,37.38; 20,1.2.8; Sant 5,4); en sentido amplio, al que desempeña un oficio y cobra por su servicio o producto (Hch 19,25; 1 Tim 5,18).

En el vocabulario cristiano y paulino de las primeras comunidades, “jornalero” -en sentido amplio- designa al discípulo de Cristo enviado al mundo como predicador de «la palabra de la verdad» para dar testimonio del Mesías y del Reino (2 Tim 2,15; ver 2 Cor 11,13; Fil 3,2).

2)- Mt 9,36-38 o las obras del Reino

2.1- El ministerio de Jesús según Mt 4,23 y 9,35 (dos sumarios)

La perícopa de Mt 9,36-38 es la que mejor ilustra el significado de “obrero” y en ella centramos nuestra reflexión.

Justo antes de nuestro texto, Mateo sintetiza en el sumario de 9,35 la labor ministerial de Jesús con tres verbos: se dedica a recorrer pueblos y aldeas para “enseñar” en sinagogas (didáskõ), “anunciar” la buena nueva del Reino (keryssõ) y “curar” enfermedades y dolencias (therapeúõ). Esta es -según el sumario- la tarea de Jesús.

La función y vocabulario del sumario de Mt 9,35 también se encuentran en el sumario de 4,23. Después de este texto, Mateo testimonia cómo la fama de Jesús se extiende enormemente y -a raíz de lo mismo- confluye una gran multitud de enfermos de toda clase y a todos sana (Mt 4,24; cfr. 15,30-31; Jn 5,2-4); luego, el evangelista nos dice que mucha gente de muchas partes sigue a Jesús (Mt 4,25).

Al sumario de Mt 9,35 -en cambio- sigue el testimonio de la compasión de Jesús (splagchnízomai) porque la gente andaba deshecha (skyllõ) y echada por los suelos (ríptõ), «como ovejas que no tenían pastor» (Mt 9,36; cfr. Mc 6,34). A propósito de esta constatación, Jesús señala cuán grande es el trabajo y cuán poco los trabajadores: «La cosecha es abundante, pero lo obreros (ergátai) son pocos» (Mt 9,36).

Entre ambos sumarios (Mt 4,23-25 y 9,35), Mateo presenta en extenso la actividad magisterial de Jesús-maestro (ciclo de enseñanzas: 5,1-7,27) y taumatúrgica de Jesús-mesías (ciclo de curaciones: 8,1-9,34) quien inaugura el Reino de Dios y llama a las ovejas perdidas de Israel a participar en él (10,6; 15,24).

El sumario de Mt 9,35 -por tanto- recapitula el ministerio de Jesús desde el primer sumario (4,23) en adelante, y revela que Jesús-Mesías es el verdadero pastor que redime de la postración religiosa (ignorancia) y física (enfermedades) al pueblo de la antigua alianza (9,36); éste, a pesar del tiempo transcurrido, aún no cuenta con buenos y eficaces pastores que se ocupen de él. Luego -según Mt 9,37-10,4- Jesús convoca a los nuevos obreros que requiere el Reino inaugurado por el Ungido y les transmite sus poderes de enseñar y curar como signo de que «el Reino de Dios ha llegado a ustedes» (Lc 11,20).

2.2- La cosecha y los obreros según Jesús

La comparación de los dos sumarios nos permiten saber qué entiende Jesús por “cosecha” y “obreros”:

Mt 4,23-25:

Mt 9,35-38:
Jesús recorre la Galilea:
ÿ enseñando (didáskõ),
ÿ anunciando (keryssõ), y
ÿ curando (therapeúõ). Jesús recorre pueblos y aldeas:
ÿ enseñando (didáskõ),
ÿ anunciando (keryssõ), y
ÿ curando (therapeúõ).
Su fama se extiende:

le traen enfermos de todo tipo

Jesús los sana.
Ve a la “gente” (óchlos) y se compadece:
son como ovejas sin pastor

Jesús exhorta a pedir los obreros necesarios.
Lo sigue mucha “gente” (óchlos). 10,1: Llama a los Doce y les da poder de expulsar demonios y curar enfermedades.

La actividad ministerial de Jesús consiste en:

a- Enseñar en las sinagogas, alusión a la instrucción escriturística tradicional pero que en boca de Jesús era ya revelación del Reino (Lc 4,16-30);
b- Anunciar la buena nueva del Reino en los pueblos y aldeas de la Galilea (Mt 4,23; 11,1), y
c- Curar a los innumerables enfermos que llegan de todas partes.

El signo patente de la postración de Israel, el pueblo de Yahveh, es que “andan deshechos” o “rendidos” (skyllõ) y como “tirados por los suelos” (ríptõ), pues no tienen guías autorizados y eficaces (Mt 9,36). Los israelitas están como ovejas sin pastor, porque nadie les enseña ni se ocupa de sus dolencias. Como ya en tiempos del profeta Ezequiel, las ovejas siguen muriendo por la ineptitud y maldad de sus dirigentes (Ez 34).

La ignorancia, como el desconocimiento de la Ley divina (Os 4,1-6), y las enfermedades se atribuyen en tiempos de Jesús al pecado individual o de los antepasados (Jn 9,2) y a los demonios o espíritus impuros (Mc 9,14-29).

La gente confiesa que Jesús-maestro no sólo enseña como los buenos rabinos de entonces, y que Jesús-taumaturgo no sólo cura como los eficaces curanderos de esa época, que sí los había, sino que -a diferencia de ellos- habla y actúa con autoridad (Mt 7,29; Mc 1,27) por lo que su fama crece enormemente (Mc 1,28.45).

¿Por qué actúa con una autoridad desconocida en los maestros y sanadores de su tiempo? Porque la enseñanza y curaciones de Jesús son signos de que el Reino de Dios ya está presente, pues Dios -por su Ungido con el Espíritu Santo (Mt 3,16; 4,1-11)- derrota los espíritus impuros y los pecados (9,1-8), causa de la ignorancia en la que muchos viven y de las enfermedades que muchos padecen.

Jesús, a diferencia de rabinos y curanderos, se ocupa de Israel como rebaño de su Padre y lo hace como buen pastor y obrero (Mt 9,36.37) que recrea la condición de Israel como hijo primogénito de Dios (Ex 4,22; ver Os 11,1), arrebatándolo del dominio de los demonios y preparándolo como «un reino de sacerdotes y nación santa» para su Señor (Ex 19,5-6). Esta forma de proceder del Mesías que apunta a la raíz del mal da cumplimiento a la profecía del Siervo de Yahveh que san Mateo cita aplicándola a Jesús: «El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestros sufrimientos» (Is 53,4 citado en Mt 8,16-17).

Los “obreros” (Mt 9,37-38: ergátes), pues, son los nuevos pastores; su labor y finalidad es extender el Reino de DIos: enseñar la voluntad del Padre y hacer -por la fe- que todo hombre puede vivir en plena y definitiva comunión con él (Mc 6,12-13).

El obrero o jornalero enviado por Jesús es quien trabaja de sol a sol para instaurar el Reino de Dios con todo lo que ello significa de nuesvo sentido y de plenitud de vida.

3)- La misión de los obreros del Reino

3.1- Las tareas del obrero del Reino

La misión del obrero o jornalero, según la expresión de Jesús, tiene que ver con la “mies” o “cosecha” (Mt 9,38: therismós). Esta imagen agrícola empleada en los evangelios nos ofrece elementos teológicos que nos permiten profundizar en la misión de los obreros del Reino.
El pasaje de Mt 9,36-38 tiene dos lecturas según los contextos teológicos desde los que se interprete:

a- Cuando se lee desde la perspectiva de una cosecha abundante en virtud de la fecundidad del Mesías y de la nueva alianza (cumpliendo así profecías del AT), la misión del obrero cristiano es sustituir a los pastores del antiguo Israel, pueblo de Dios disperso y fatigado, y reunir e instruir en la Buena Nueva al “resto de Israel”, germen del nuevo y definitivo pueblo de Dios (Is 24,13-16a).

Este resto por la fecundidad del Mesías-esposo (Jn 3,27-30; Mc 2,19-20) es innumerable y los obreros se hacen pocos.

b- Cuando se lee desde la perspectiva del juicio escatológico que adviene con la llegada del Hijo del Hombre, la misión del obrero cristiano es animar y pastorear a los «hijos del Reino» que desarrollan su vida y su actividad en el campo del mundo donde también viven los «hijos del Malo» (Mt 13,38).
A aquellos, por tanto, deben instruirlos en la Buena Nueva y defenderlos de los espíritus impuros y de los obradores de iniquidad; su misión, pues, es garantizar la justicia de los hijos del Reino para que sean hallados justos al fin de los tiempos (Mt 5,20).

Mientras la primera perspectiva mira sobre todo hacia atrás y se sustenta en el tema mesiánico del “resto de Israel”, germen del nuevo pueblo de Dios, la segunda mira sobre todo hacia adelante y se sustenta en el tema escatológico y apocalíptico de la venida del Hijo del Hombre para el juicio final y la consumación definitiva del nuevo pueblo de Dios y del cosmo.
Profundicemos en una y otra perspectiva.

3.2- Obrero, “resto de Israel” y abundancia de cosecha

En el AT, la imagen de la cosecha se emplea como sinónimo del “resto de Israel” que -entre los habitantes del mundo- aclamará y glorificará el poder de su Dios que los ha preservado como festiva asamblea litúrgica. Así en Isaías que compara el “resto de Israel” con la recolección de aceitunas o de uvas: «Sucederá en medio de la tierra, con los habitantes de las naciones, como en la sacudida de los olivos o en la rebusca de la uva después de la cosecha» (Is 24,13-16a).

También en el libro de Amós, cuando se anuncia la restauración del reinado davídico, las bendiciones sobre la tierra y el retorno de los exiliados se anuncian con imágenes agrícolas de cosecha y vendimia abundantes: «Vienen días, oráculo del Señor, en los cuales detrás del que ara irá el que cosecha y detrás del que siembra, el que recoge la uva. El vino nuevo fluirá por las montañas y destilarán todas las colinas» (Am 9,13; ver Lv 26,5).

El símil de la “cosecha” pertenece en ambos textos a oráculos de bendición escatológica que proclaman la nueva condición de la que Dios hará partícipe al resto de Israel mediante su Ungido.

En el NT y en el contexto del diálogo con la mujer samaritana, Jesús alude al símil de la cosecha en el sentido de Isaías y Amós para revelar la fecundidad y urgencia de su misión (Jn 4,35-38). Un campesino sabe que entre la siembra y la cosecha hay siempre un intervalo de tiempo en el cual crece la semilla buscando dar sus frutos. Jesús, respecto de su misión, declara inexistente ese intervalo de tiempo. Tal será la fecundidad de sus palabras y acciones y la fertilidad de la tierra que desaparecerán los intervalos propios de una labor como la cosecha del trigo o de la uva, y tal será la abundancia de frutos en la nueva alianza que los jornaleros se harán escasos… y la cosecha no puede esperar: «Levanten la mirada y observen los campos sembrados que están ya maduros para la cosecha» (4,35).

No es la única enseñanza a sus sorprendidos discípulos. Jesús los invita a que no miren con envidia el trabajo de otros obreros y sus resultados positivos. La razón es que todos, el que ara, el que siembra, el que cosecha… han trabajado por lo mismo (Jn 4,36-38). No hay lugar, pues, para envidias y soberbia por una semilla que lleva en sí la fuerza de su crecimiento (Mc 4,26-29; cfr. 1 Cor 3,6), y por una labor en cuya finalidad todos han colaborado. En palabras de Jesús: «Yo los he enviado a cosechar un campo que ustedes no cultivaron; otros lo han trabajado y ustedes recogen el fruto de su trabajo» (Jn 4,38).

En síntesis, ¿cuál es la misión del obrero del Reino enviado por Jesús según la perspectiva de la cosecha abundante?

Los obreros o jornaleros son los apóstoles y discípulos de la nueva alianza enviados a ser los nuevos pastores del resto de Israel, es decir, de todos aquellos que anhelan cumplir la voluntad del Padre, aceptando -por la fe y la conversión (Mc 1,15)- la buena nueva del Reino. Jesús envía a sus obreros a estas ovejas para enseñarles la voluntad de Dios, la misericordia y la fe (Mt 23,23) y curarlos de sus debilidades y pecados (10,1).

Debido a lo abundante de la mies, la tarea se hace urgente y se requiere de una gran cantidad de obreros por lo que hay que pedirlos con insistencia al Dueño de la mies.

3.3- Obrero, “juicio” y venida del Hijo del Hombre

El valor positivo de la imagen que acabamos de ver no se encuentra en otros textos del Antiguo y del Nuevo Testamento, pues en varios pasajes la mies o cosecha está unida al juicio escatológico, aunque con resultados positivos para unos y negativos para otros.

Al respecto, veamos un texto que se encuentra sólo en Mateo: la parábola del trigo y de la cizaña, que se divide en la parábola propiamente tal (Mt 13,24-30) y en su explicación (13,36-43).

El Hijo del Hombre, al final del mundo, enviará a sus ángeles (Mt 13,41-42) para que separen el trigo de la cizaña (13,24-30) o de la paja (3,12), y cizaña o paja la arrojen al fuego eterno (13,49-50). Aquel día «los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre» (13,43) y los que han obrado la iniquidad, esto es, los que no han cumplido la voluntad del Padre (7,21-23), serán echados al horno que no se apaga (13,41-42).

La buena semilla sembrada por Jesús en el campo del mundo son los “justos” y la mala semilla o cizaña que brota en el campo son los “obradores de iniquidad” que, según la teología del primer evangelio, se identifican con los que buscan satisfacer el querer del Maligno (Mt 13,19). La buena semilla o los justos -en cambio- son aquellos que disciernen y hacen la voluntad del Padre (Mc 3,34-35; Mt 7,21). Un hermoso texto de Juan une ambos temas: «Hijos míos, que nadie los engañe. El que hace la voluntad de Dios es justo, como él es justo. El que peca pertenece al diablo, porque desde el principio el diablo peca. Y el Hijo de Dios se manifestó para destruir las obras del diablo. El que ha nacido de Dios no peca, porque la semilla divina permanece en él; no puede continuar pecando, porque ha nacido de Dios. La distinción entre los hijos de Dios y los del diablo es ésta: quien no hace la voluntad de Dios y quien no ama a su hermano, no es de Dios» (1 Jn 3,7-10).

Mientras la buena semilla o los justos son «hijos del Reino» (Mt 13,38), hijos «de Dios» (5,9) o «del esposo» (9,15), la cizaña u obradores de iniquidad son «hijos del Malo» (13,38), «de la gehenna» (23,15) o «de la desobediencia» (Ef 2,2), es decir, son «los hijos de los profetas y de la alianza» destinados a la bendición, pero que han rechazado el don por no convertirse de su iniquidad (Hch 3,25-26).

 

4)- La oración por los obreros del Reino

4.1- Una obra de origen divino

En ambos casos, ya obrero (Mt 9,37-38) se comprenda en relación con la abundancia de la cosecha o en la perspectiva del juicio escatológico designa al discípulo enviado por Jesús como pastor y maestro a trabajar por el Reino; su misión es recrear con autoridad la actividad salvífica y liberadora de Jesús-mesías, y cuidar y fortalecer la siembra de Jesús-hijo del hombre que vendrá al fin de los tiempos a consumar su obra y a recoger los frutos.
Esta misión del obrero se sustenta en pilares que revelan el origen divino del encargo:

a- La iniciativa y gratuitad de Dios que ofrece siempre una fértil cosecha;
b- La compasión de Jesús ante las ovejas que están sin pastor;
c- El envío de los obreros del Reino como nuevos pastores de la nueva alianza, y
d- La oración de los discípulos no sólo para pedir más obreros, sino para hacerse ellos mismos disponibles a la tarea de la cosecha.

Sobre esto último se ocupa el siguiente apartado.

 

Extractado de http://www.iglesia.cl/
Santiago Silva Retamales
Obispo Auxiliar de Valparaíso
Comisión nacional de pastoral bíblica
2003 - Año de las vocaciones

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