Anexos
 

Anexo 1

I. PERSPECTIVA DE DERECHOS

Los niños y niñas nacen con las libertades fundamentales y los derechos propios de todos los seres humanos». Esta es la premisa esencial de la Convención sobre los Derechos del Niño, un tratado internacional de derechos humanos que desde hace más de diez años transforma las vidas de los niños, niñas y sus familias en el planeta entero.32

Ahora los países del mundo, salvo dos, han aceptado cumplir las normas de este tratado, en las cuales se subraya la importancia de que todos, especialmente los gobiernos, protejan a los menores de 18 años, es decir a la totalidad de los niños y niñas.

El Estado Colombiano, según la carta política de 1991, es un Estado Social de Derecho. En la base del Estado Social de Derecho se encuentran los derechos humanos, el Estado Social se encuentra comprometido con el respeto de la dignidad humana.

Retomando lo planteado por Esmeralda Ruiz en el documento «El sentido de los proyectos Sociales», los derechos son a su vez valores universales de convivencia, fundamentados en la dignidad humana, la razón y la justicia. Conforman la conciencia del individuo y la comunidad e implican el reconocimiento de unas condiciones mínimas de orden material y espiritual que deben ser garantizadas a todas las personas.

Pese a que los derechos se han concebido como el contenido esencial, la sustancia del sistema democrático, está comprobado que a pesar de ser aplicables a todas las personas sin discriminación de ninguna índole, existen ciertos grupos de personas que no se encuentran protegidas en el goce de sus derechos por diversas razones; un ejemplo claro de esta situación en Colombia tiene que ver con la grave vulneración de los derechos humanos de niños, niñas y adolescentes. Al realizar un recorrido por las distintas áreas de Derecho encontramos a grosso modo la siguiente situación en materia de derechos de infancia:

Área de vida y supervivencia:

  • Masacre y muerte violenta de menores de edad
  • Desnutrición
  • Mortalidad infantil por causas prevenibles
  • Incremento en el consumo de SPA que se inicia antes de los 10 años
  • Deficiencia en los servicios de salud

Área de desarrollo y educación:

  • Deserción escolar
  • Baja calidad en la educación
  • 11% de analfabetismo a nivel nacional

Área de protección:

  • Violencia intrafamiliar: maltrato, abuso sexual
  • Prostitución
  • Delincuencia juvenil
  • Mendicidad
  • Trabajo infantil
  • Niños y niñas situación de calle
  • Niños y niñas vinculados al conflicto armado

Área de participación:

  • Escuela y familia autoritaria
  • Bajo reconocimiento de la participación de los niños y niñas en los asuntos que le competen.

Muchas de las situaciones mencionadas develan la ausencia de Estado. También ha sido notoria la ausencia de la sociedad y de la familia ejerciendo su ciudadanía. No solo el Estado ha tenido en sus programas una mentalidad asistencialista, la sociedad civil también, esperando que el problema lo solucione el gobierno de turno.

Si bien hoy en día tenemos avances significativos como la ratificación de los derechos de la infancia y la constitución de 1991, falta mucho camino por recorrer. La garantía de los derechos de la niñez no ha sido asumida de manera responsable ni por el Estado, ni por la familia, ni por la sociedad, razón por la cual es imperativo que cada una de las instancias desarrolle acciones específicas para la construcción de un mejor país, de manera que como resultado de lo anterior se logre fortalecer una cultura en favor de la infancia, arraigada en la plena vigencia y respeto de los derechos de la niñez.

Los Derechos del Niño y la Niña deben dejar de ser simplemente un conjunto de principios, para convertirse en criterios sobre los cuales se fundamenten las políticas sociales y los retos orientadores de acciones y programas que afecten las condiciones materiales de vida de los niños, niñas y sus familias. Los indicadores de su cumplimiento no pueden ser distintos de aquellos que reflejan la preocupación del gobierno y de la sociedad civil por proveer mejores condiciones de vida a la población. Estos indicadores deben ser registros objetivos sobre el acceso y participación de los niños a los servicios que garanticen los satisfactores de sus necesidades básicas de salud, nutrición, educación y desarrollo, recreación y cultura, protección, etc.

Para establecer las líneas de acción en torno a la difusión y práctica de los Derechos del Niño conviene diferenciar dos niveles o dimensiones: la dimensión ético-valorativa y cultural, y la dimensión pragmática u operativa (oferta y demanda de servicios). Estos dos niveles o dimensiones mantienen necesariamente estrechas relaciones e interdependencias.

a) Dimensión ético-valorativa y cultural

La concepción que se tiene sobre el niño y la niña y los factores que afectan su proceso de desarrollo es uno de los aspectos fundamentales de la cultura de los pueblos. Esta dimensión cultural no puede ser olvidada en el momento de definir políticas y programas en favor de la infancia, porque de su afectación depende la continuidad y el impacto final de las acciones y programas específicos. Se hace necesario promover una “ruptura cultural”, que permita ubicar al niño y la niña en proceso de desarrollo en el centro de las preocupaciones de todos los estamentos de la sociedad.

Se trata de consolidar una cultura que supere la retórica del niño como futuro ciudadano y que reconozca las oportunidades y las condiciones de vida del presente como el nicho o entorno ecológico que posibilita o impide el desarrollo de las potencialidades humanas.

b) Dimensión de los programas: oferta y demanda de servicios

Responde a la satisfacción de las necesidades básicas para la supervivencia y el pleno desarrollo. Su práctica comienza con el reconocimiento y aceptación de dichas necesidades como derechos para acceder a sus satisfactores. Se trata de una responsabilidad del Estado y la sociedad en general, que reconocen la inversión social en la infancia como prioridad, no por razones caritativas o benefactoras, sino porque corresponde a un modelo de sociedad y a una ética que privilegia a los niños como sujetos activos de derecho.

II.PRINCIPIOS BÁSICOS PARA ORIENTAR EL TRABAJO POR LA INFANCIA

Con el fin de propender por una apropiación consciente y crítica de los derechos de la niñez por parte de los mismos niños, niñas, los padres, la familia y la sociedad en general, los programas en beneficio de la infancia deben tener como ejes de su estrategia los siguientes principios:

• Organización y participación comunitaria

El cumplimiento de los derechos y la satisfacción de las necesidades de la infancia son una responsabilidad de toda la sociedad en su conjunto y, por tanto, se requiere de una amplia participación de todos los sectores en la planeación y desarrollo de programas requeridos, para proporcionar mejores condiciones de vida, al igual que mayores y mejores oportunidades para el armónico desarrollo de todos los niños y niñas.

• Planeación con perspectiva de género

La programación, evaluación y seguimiento con perspectiva de género debe ser un principio básico de todas y cada una de las acciones y proyectos. Los análisis de situación deberán dar visibilidad a la problemática específica de las niñas y adolescentes y las mujeres en general con el fin de que puedan identificarse sus necesidades de género.

Los programas y estrategias de atención a la niñez no pueden seguirse configurando bajo el supuesto de que la responsabilidad de la crianza y el cuidado son un problema de las madres o estrictamente «femenino». En esta cultura tradicionalmente machista y autoritaria, los padres también necesitan aprender el lenguaje de los afectos, la ternura de la paternidad y la reconciliación con la dimensión lúdica.

• Educación y concientización

Además de la situación de pobreza que afecta a gran parte de la población, las condiciones para el desarrollo de la infancia están determinadas por factores culturales que se expresan en creencias, actitudes y comportamientos no siempre favorables para los niños y niñas en proceso de crecimiento. Por ello, se requiere fundamentar toda acción o política sobre un deliberado e intensivo proceso educativo y de reflexión, que logre afectar las prácticas de crianza, la concepción popular sobre el desarrollo infantil y los modelos de relación en los procesos de socialización.

Este proceso de educación y concientización deberá estar orientado preferen-cialmente a la unidad familiar en sus diversas formas y dinámicas, como contexto básico del desarrollo humano. La familia, en sus diferentes formas y configuraciones, establece la red de relaciones que modela las relaciones sociales en general.

No se trata solamente de mejorar la atención al niño y la niña de hoy, sino de contribuir a prefigurar y operacionalizar los mecanismos sociales para la realización como ciudadanos. Para ello será necesario promover el tránsito de programas coyunturales de poca cobertura a la promoción de políticas gubernamentales y políticas públicas de gran alcance. Es imprescindible promover el establecimiento de acuerdos fundamentados sobre consensos sociales y políticos amplios y sólidos, que permitan la implementación de políticas de Estado que superen los planes coyunturales de desarrollo.

Es necesario afectar a la comunidad en general, incidir sobre las expectativas y creencias de los pobladores y afectar positivamente la cultura sobre la infancia, para que los cambios en las pautas de crianza puedan ser perdurables y generalizados.

En coherencia con la Declaración de los Derechos de la Niñez, se trata de crear las condiciones necesarias para que todos los niños y niñas, sin excepción, puedan disfrutar a plenitud de su derecho a vivir en un ambiente de afecto y protección, bajo la tutela y cuidado de sus padres y demás adultos, en buenas condiciones alimentarias y nutricionales, con servicios gratuitos y adecuados de salud y educación para atender sus necesidades básicas, reconocidos como sujetos plenos de derechos, con una visión y una lógica propias para relacionarse e interpretar el mundo que lo rodea; ellos necesitan del juego, la exploración y las experiencias de aprendizaje, para desarrollar todas sus potencialidades y participar como sujetos activos en su grupo social.

Anexo 2

EL CONCEPTO SISTÉMICO ECOLÓGICO DEL DESARROLLO HUMANO

La ACJ-YMCA de Bogotá ha venido realizando diferentes Investigaciones, con base en las cuales ha logrado precisar algunos conceptos que fundamentan el modelo preventivo Pirámide del desarrollo.

El siguiente planteamiento es tomado textualmente del documento «Modelo de trabajo preventivo con familias en extrema pobreza que corresponde a un proyecto de investigación realizado a través de un convenio entre la ACJ-YMCA de Bogotá y la Universidad Santo Tomás.» 33

Se destaca la visión sistémica-ecológica del desarrollo. A partir de esta perspectiva, pueden contemplarse múltiples variables que interactúan permanentemente en la producción de un fenómeno, superando así propuestas que pretenden identificar las causas finales a partir de relaciones lineales de causalidad las cuales permiten tener tan solo una comprensión fragmentaria que anula la complejidad de los procesos.

Se ubican dentro de este concepto los «Contextos de Desarrollo», enfatizando en la relación familiar y la institución escolar como tipos específicos de tales contextos, pues como se verá, sin duda ellos son definitivos en la evolución de niños y niñas.

Los «Contextos de Desarrollo» se conciben como un conjunto de estructuras acomodadas una dentro de la otra, de manera que en el nivel más interno se encuentra la persona en desarrollo, contenida por su contexto más inmediato que podría ser la escuela o la familia. Estas a su vez están insertas en una estructura de un tercer nivel que afecta al individuo, como puede ser con respecto a un niño y niña el trabajo de sus padres, y todo ello estaría contenido por una estructura de cuarto nivel, correspondiente al contexto comunitario por ejemplo.

La visión Ecológica del Desarrollo Humano se refiere al estudio científico de la acomodación mutua y progresiva entre un ser humano activo y en crecimiento, con las propiedades cambiantes de los contextos inmediatos donde vive, teniendo en cuenta que este proceso es afectado por las relaciones entre tales contextos y los otros más amplios en los cuales está inmerso.

Para demostrar que el Desarrollo Humano ha ocurrido, es necesario establecer que un cambio producido en las concepciones y/o actividades de la persona se transfiere a otros contextos en otros momentos. Tal demostración corresponde a un criterio de validez del desarrollo.

Estas ideas tienen importantes implicaciones para el desarrollo de procesos con niños, niñas y familias en situación de riesgo: En primer lugar se asume que ni el niño, la niña, ni su familia son por naturaleza estructuras anómalas, sino que sus dificultades son el resultado de la compleja interacción de factores propios del contexto de desarrollo en el cual se encuentran y equivalen a un estancamiento o a una desviación en su proceso de crecimiento.

En segundo lugar se considera que toda acción con el niño, la niña y su familia está orientada a movilizar sus recursos y potencial, contemplando los diferentes contextos involucrados, los cuales constituyen además niveles específicos de intervención: Es decir, el niño, la niña, la familia, la escuela, el vecindario, la ciudad, etc. son algunos de los contextos de desarrollo donde está inmerso el niño o niña y, desde una perspectiva ecológica y estratégica, cada uno de ellos merece que se realicen sobre él evaluaciones y acciones, con el fin de aumentar la potencia de cualquier medida que se tome en función de la solución de la problemática.


De igual manera, se parte del supuesto de que si el Desarrollo busca incrementar la capacidad de las personas para transformar positivamente su entorno, el trabajo no puede restringirse a metas inmediatistas o criterios de éxito establecidos desde fuera, sino que se tiene que contemplar la cosmovisión y las aspiraciones de los involucrados, respetando aun su deseo de no cambiar, considerando que a veces las deficiencias en la calidad de vida producen efectos tan graves, que es imposible repararlos en el curso de una vida y por lo tanto es necesario actuar con dos o más generaciones y sus diferentes contextos para evidenciar efectos positivos en su proceso de Desarrollo Humano y Social.

Anexo 3

I. EL MODELO DE ESTRÉS SOCIAL APLICADO A LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR Y AL MALTRATO INFANTIL (MOSSAVI)

 

La fundación Gamma Idear34 trabaja con un modelo integrado para la prevención del maltrato infantil y la violencia intrafamiliar, basado en el Modelo Modificado de Estrés Social de la Organización Mundial de la Salud. A continuación transcribiremos textualmente parte de este modelo.

El modelo Mossavi incluye tanto los factores que parecen fomentar el que las familias resuelvan sus conflictos de manera violenta, o el que los adultos maltraten a los niños y niñas, corno aquellos que parecen hacer menos probable el ejercicio de la violencia intrafamiliar y el maltrato familiar.

Los primeros se denominarán factores de riesgo y los segundos, factores protectores.

El modelo se basa en la siguiente consideración: si hay muchos factores de riesgo mientras los factores protectores son débiles, es mayor la probabilidad de que una familia, un menor o una comunidad enfrenten situaciones de violencia intrafamiliar o maltrato infantil. A la inversa, cuantos más factores protectores haya y menos factores de riesgo, o la posibilidad de que estos puedan ser contrarrestados por los factores protectores, las probabilidades de sufrir o ejecutar una respuesta violenta son menores.
La situación de violencia intrafamiliar y/o de maltrato intrafamiliar se comprende mejor cuando se consideran simultáneamente la acción tanto de los factores protectores como de los factores de riesgo.

En este caso cabe hablar de situación crítica cuando los factores de riesgo sobrepasan o no pueden ser contrarrestados por los factores protectores o de una situación no crítica cuando los factores de riesgo son menores o logran ser contrarrestados por los factores protectores.

Además de proveer una comprensión conceptual, este marco es útil corno medio para la planificación de intervenciones de prevención (o atención) de las situaciones violentas.

Cuando se han identificado los factores de riesgo y protección, se puede comenzar a trabaja para reducir los riesgos y fortalecer los factores protectores. Esto puede hacerse para un solo individuo, una sola familia o toda una comunidad.

Los factores de riesgo se han agrupado en tres categorías: estrés, normalización, experiencia de violencia, mientras los factores protectores se han agrupado en otras tres: vínculos, competencias y recursos. En los apartes siguientes se desarrolla cada uno de ellos en detalle.

Probabilidad de respuesta violenta =
Factores de riesgo
(Dis)Estrés+Normalización+Experiencia de violencia

Vínculos + Competencias + Recursos
Factores protectores

II.EL ESTRÉS COMO FACTOR DE RIESGO

El estrés se define como la tensión entre necesidades, intereses, sentimientos y los recursos disponibles para satisfacerlos.

Por sí mismo el estrés no conduce a la violencia y siempre necesitamos cierto grado de estrés como motivación para la acción. Pero cuando este supera los límites manejables y se acompaña al mismo tiempo de otros factores de riesgo, seguramente aumentarán las probabilidades de verse involucrado en una acción violenta. Los niños y niñas maltratados(as) y las familias violentas a menudo tienen vidas extremadamente llenas de estrés. Los cinco tipos de estrés propuestos por Rhodes y Jhonson que se describen a continuación nos ayudan a comprender cuánto estrés pueden soportar.

1. Los eventos principales de la vida

Estos son hechos que afectan profundamente a las familias y los(as) jóvenes, porque constituyen una ruptura afectiva o una depravación importantes. Ocurren de imprevisto y los adultos y menores no tienen control sobre ellos. Pueden incluirse aquí eventos como la muerte de los padres o seres queridos, el abandono, los accidentes, los desastres naturales, los desplazamientos violentos, la situación de guerra o persecución, asaltos físicos o sexuales e intentos de suicidio, pérdida del patrimonio familiar o de las fuentes primarias de ingresos, nacimiento de otros hijos o abandono del hogar.
La pérdida del control, la sensación de impotencia y frustración, el sentimiento de culpa y la búsqueda de una razón (por qué a mí, por qué ahora) propician el enfrentamiento entre los miembros de la familia y la respuesta violenta sobre los más débiles o desvalidos.


2. Secuencias de vidas sufridas

Las vidas de las familias, niños y niñas en dificultad por lo regular están llenas de problemas difíciles de resolver, derivados de su condición social o cultural o de su situación económica y que datan de tiempo atrás: pobreza, marginamiento social, viviendas precarias, no acceso a servicios, analfabetismo, desescolarización, segregación étnica o racial, falta de oportunidades, etc. Estas condiciones crean un clima propicio para la confrontación, la frustración y la falta de esperanza, haciéndolos particularmente vulnerables a la respuesta violenta, bien sea como víctimas o victimarios.

3. Problemas cotidianos

La presión cotidiana por, conseguir el sustento, la recarga de roles y responsabilidades en algunos miembros de la familia, el tener que responder a múltiples problemas cotidianos que no dan espera ni tregua, con otros familiares, vecinos, patrones o autoridades, rápidamente desgastan su capacidad de resistencia y tolerancia, generan agotamiento en las relaciones y en el afán por encontrar una respuesta rápida, se produce el enfrentamiento, el maltrato, el abandono.

4. Transiciones en la vida

Las transiciones en la vida, tales como cambiar de vecindario, migrar a otra ciudad, cambiar de empleo, formar una pareja, o asumir la crianza de la nueva descendencia son siempre situaciones de estrés porque exigen de las personas un esfuerzo adicional para cambiar su comportamiento, para adaptarse a las nuevas situaciones. En ese proceso de adaptación la confrontación con otros puede ser frecuente, y si no se tienen los recursos necesarios para superarla de manera pacífica, puede instaurarse un clima de violencia.

5. Cambios por el desarrollo del adolescente

La pubertad trae consigo muchas nuevas tensiones para el joven y la joven adolescentes. Los cambios corporales, el inicio de la actividad sexual y/o reproductiva, tener que trabajar y valerse por sí mismo o asumir la responsabilidad por otros, con pocos o ningunos recursos emocionales, afectivos, cognitivos y valorativos son situaciones que generan una alta conflictualidad en la familia, con otros pares o con personas ajenas al núcleo doméstico.

III. NORMALIZACIÓN DE LA RESPUESTA VIOLENTA

Es más probable que la familia o el menor sean objeto o sujeto de conductas violentas cuando el uso de la violencia es una práctica común o se la considera como normal en el entorno en el cual se desarrollan. Entre muchas culturas o grupos poblacionales, es valorada la violencia como medio de socialización de los niños y niñas, como medio de sometimiento de las mujeres o como medio de hacer valer el poder y la autoridad de los más fuertes, cuando el uso de la violencia es aceptado como legítimo por un determinado grupo, no se le cuestiona y ni siquiera se le percibe como tal, decimos que la violencia se ha «normalizado». Hay muchos factores que fomentan la aceptación de la violencia por parte de un grupo o en toda la comunidad:

1. Legalidad y cumplimiento de la ley

El estado de legalidad de la violencia en una sociedad tiene un gran impacto en las actitudes de la gente hacia el trato violento. Si la legislación es laxa o no contempla como delito algunas de las formas de maltrato, es más probable que el comportamiento agresivo sea aceptado o normalizado en el conjunto de la sociedad.
Lo mismo ocurre si las estructuras de justicia son débiles, la impunidad reina y las autoridades no se esfuerzan por aplicar la ley con relación al maltrato. La tolerancia de los organismos de control frente a la violencia hace que esta sea aceptable para muchos y que no se le perciba como un problema y que por el contrario ante la debilidad de la justicia se instaure la modalidad de justicia por mano propia.

2. Disponibilidad de medios de coerción violenta

Cuanto más corriente sea el uso de la violencia como medio para resolver los conflictos, esta llega a normalizarse rápidamente. El maltrato como recurso pedagógico en las escuelas o la violencia sobre la mujer en el hogar son considerados como normales en muchas culturas. Por otra parte, la libre producción, distribución y porte de armas hace que muchas personas encuentren como normal su uso, con el pretexto de defenderse, sobre todo cuando hay problemas de seguridad y las autoridades no logran controlarla. Desde muy pequeños los niños y niñas aprenden y se entrenan en el uso de armas de distinto tipo, y en zonas de alta conflictualidad social, portarlas y saberlas usar hace parte de las destrezas necesarias para la sobrevivencia cotidiana.

3. El costo de la violencia

Cuanto más común sea el uso de la violencia, y esta en vez de acarrear sanciones represente beneficios para quien la ejerce, mayor probabilidad existe de que esta se formalice. Por el contrario, si el no recurrir a la violencia es visto como cobardía, falta de entereza, mientras se valora el arrojo, y el respeto (temor) que infunden los violentos, en el grupo social de referencia, las prácticas violentas se normalizan como forma privilegiada de relación interpersonal.

4. Publicidad, patrocinio, promoción

Cuanto más valorada y publicitaria sea la violencia en una sociedad, esta tiende a considerarse no solo necesaria sino deseable, en caso de conflicto. Se desarrolla entre la población una alta tolerancia a la agresión de manera que las personas se tornan insensibles frente a los acontecimientos violentos. Muchas de las estrategias de publicidad de productos incluyen imágenes agresivas, situaciones de máximo riesgo como medio de impactar a un público cada vez menos sensible. Figuras de referencia, héroes o modelos exitosos se presentan usualmente como exitosos justamente porque logran eliminar al contrario. Las personas, pero en particular los niños y niñas, terminan internalizando estos modelos como fuente de inspiración y guía.

5. Presentación en los medios masivos de situaciones violentas

Presentaciones frecuentes y positivas del uso de la violencia en la televisión, el cine, los periódicos y revistas de gran circulación fomentan la normalización de la violencia. Frecuentemente se exhiben imágenes o escenas en donde los personajes hacen uso de la violencia en ambientes de acción, emoción, peligro o sexo e incluso se la utiliza como medio de divertimento mezclada con escenas de humor. La familia y especialmente los menores expuestos largas horas a programas de televisión de esta naturaleza, sin discusión ni crítica, terminan aprendiendo a comportarse de manera violenta al no contar con otras fuentes de información. Para aquellos hogares que llevan una vida llena de tensiones, conflictos y agresiones, las producciones de los medios les permiten descubrir que su situación es «normal». Un papel muy importante juegan aquí la prensa y la radio cuando hacen un gran despliegue de los hechos violentos que registran, con el agravante de que en este caso no se trata de una ficción sino de hechos de la vida real cercanos a los lectores.

6. El rol cultural

El uso de la violencia tiene un lugar en todas las culturas, lo que se define como violencia justificada y lo que no, varía de una a otra. Así hay siempre un grado de violencia normalizada. En períodos de rápidas transiciones culturales la definición y aplicación de la violencia justificada se transforma también, perdiéndose los límites tradicionalmente aceptados. Cuando la legislación trata de poner límites a las nuevas violencias, para muchos éstas siguen teniendo una función social importante. Aquí juegan un papel central las figuras de referencia que normalmente se encargan de señalar los límites permitidos del uso de la violencia. Cuando estas figuras se tornan extremadamente flexibles o ellas mismas ya no tienen sentido del límite tiende a instaurarse la idea del «sálvese quien pueda y como pueda» y la violencia se institucionaliza.

IV.EXPERIENCIAS DE VIOLENCIA INTRAFAMILIAR Y/O DE MALTRATO INFANTIL

Si el comportamiento violento produce una experiencia positiva o arroja ganancias importantes para los maltratantes, estos pueden infringir violencia con mucha mayor frecuencia. De la misma manera, quienes son objeto de maltrato de manera reiterada pierden poco a poco su capacidad de respuesta, de defensa, tornándose más vulnerables a la agresión. Los efectos de la agresión violenta sobre una persona dependen en cada caso del agresor (posición y condición), el tipo de agresión (intensidad, grado del daño, frecuencia), del agredido (posición y condición), y de las circunstancias en que esta se produce (ambiente, entorno, clima emocional, expectativas). Lo más usual es que produzca pérdida de autoestima, sentimientos de culpa, depresión, aislamiento, miedos y temores; también lesiones físicas de distinta gravedad.

V. VÍNCULOS PROTECTORES

Los vínculos son conexiones personales con personas, objetos, animales, instituciones.
Por ejemplo con grupos de pares, amigos, compañeros de estudio y/o trabajo, familiares, vecinos, autoridades, profesionales de instituciones de servicio, educadores, religiosos, etc. Es más probable que las familias no maltraten a sus parientes o que los niños y niñas no sean maltratados(as) cuando tanto unos como otros mantienen fuertes vínculos positivos con personas e instituciones que no practican conductas violentas, que tienen una visión más positiva de la vida, valores altruistas y que ofrecen protección, soporte emocional y afectivo, pero que al mismo tiempo ejercen cierta vigilancia control sobre los miembros del grupo. Pero también existen vínculos negativos. Estos son conexiones con personas, grupos o instituciones asociadas con el abuso, la violencia, el porte de armas, las actividades ilegales o delictivas, la transgresión a la norma. Vínculos negativos se convierten en factores de riesgo.

VI. COMPETENCIAS DE PROTECCIÓN

Las competencias son capacidades físicas, intelectuales, sociales, emocionales, que permiten a las personas reconocer el riesgo, evitarlo, contrarrestarlo, manejar el conflicto de manera pacífica o enfrentar la respuesta violenta, minimizando sus efectos destructores.

• Confianza en sí mismo
• Alta autoestima
• Capacidad para resolver problemas
• Asumir conductas alternativas
• Autocontrol
• Capacidad de negociación
• Concertación
• Diálogo y comunicación
• Sentido positivo frente a la vida
• Sentido del respeto por sí mismo y por el otro

Son destrezas que permiten evitar la respuesta violenta o responder asertivamente en situaciones de gran tensión y conflicto.

Durante la niñez y la adolescencia los menores adquieren competencias y estrategias para enfrentar las situaciones de conflicto, permitiéndoles alcanzar vidas saludables y felices. Cuanto más de estas destrezas aprendan, menor probabilidad habrá de que desarrollen conductas violentas en la edad adulta. Pero aun siendo adultos siempre es posible modificar los códigos de comportamiento adquiridos en la infancia y fortalecer nuestra capacidad para responder al conflicto de manera pacífica.

VII. RECURSOS PARA LA PROTECCIÓN

Los recursos son todo lo que utilizamos para satisfacer nuestras necesidades materiales y no materiales. Así estos recursos se encuentran dentro de las mismas personas y en su entorno.

Entre los recursos internos que protegen están la inteligencia, las creencias religiosas, el optimismo, la adaptabilidad, modelos positivos, etc. Entre los recursos externos se pueden mencionar como muy importantes la información, la familia, relaciones afectivas y figuras de referencia fuertes, acceso a educadores, a salud, recreación, organizaciones comunitarias.

Cuando faltan los recursos, también hay menos alternativas de resolver el conflicto de manera no violenta.

La capacidad de no responder en forma violenta, o de defensa en caso de agresión, se desarrolla mejor cuando se tienen fuertes vínculos positivos y se dispone de recursos, oportunidades y no hay factores serios de estrés.

Anexo4

REDES SOCIALES

A partir de las redes de apoyo que establecen los individuos, familias y grupos se enriquecen las interacciones sociales y toma importancia el círculo social al cual se pertenece para dar respuesta a las necesidades personales y sociales.

Las redes sociales son el ámbito por excelencia de las interacciones humanas, lo que significa que a partir de estas el individuo construye y redefine permanentemente sus modelos de relacionamiento, autonomía y participación social y se establecen vínculos de solidaridad, apoyo, organización y fortalecimiento de la comunidad.

Generalmente las redes se constituyen como sistemas abiertos que permiten el intercambio permanente de saberes, emociones, relaciones y apoyos entre sus integrantes. Son un mecanismo de protección y ayuda social en el cual se integran diferentes historias, intereses y rituales que tienen como objeto potencializar recursos y servicios a favor de quienes se encuentran en dificultad.

La red como unidad básica del tejido social puede ser natural o artificial.

Redes Naturales. Entendidas como aquellos vínculos e interacciones naturales que establece la persona a partir de sus relaciones en el entorno donde se desenvuelve.

Redes Artificiales. Constituidas a partir de un propósito específico con el fin de suplir una necesidad o problema concreto. De cualquier forma la red sirve de soporte social en tanto existen elementos que unen a sus integrantes en torno a la satisfacción de necesidades comunes.
Es en la red social donde los individuos pasan la mayor parte de su tiempo, por lo cual existe una mutua influencia entre quienes se vinculan a ella. Sus interacciones y relaciones pueden ser vistas claramente a través de la siguiente matriz.

FAMILIA
PARIENTES
AMIGOS
COMPAÑEROS (Estudio o trabajo)

Los trabajos en red presuponen tres elementos fundamentales:

1. Despertar de la conciencia

  • Participación de nuestras experiencias penosas
  • Expresión de nuestros sentimientos a propósito de esas experiencias

2. Testimonio personal de entrenamiento de grupo

  • Proponer preguntas sobre temas claves
  • Hablar de nuestra experiencia al azar
  • Repreguntar

3. Relaciones entre los testimonios individuales y generalización

  • Encontrar el origen común en sentimientos y experiencias opuestas
  • Analizar los sentimientos positivos y negativos y la manera de afrontar las situaciones que estos representan.35
A continuación señalamos algunos elementos que se deben tener en cuenta en la formación y consolidación de redes sociales; de acuerdo con lo planteado por Elina Dabas.36

  • Otorgar un valor importante a la presencia, la palabra y los testimonios de cada participante.
  • Estimular la expresión múltiple (dramas, juegos, arte, etc.)
  • Dar valor al contacto personal directo y a la experiencia compartida.
  • Valorar las preguntas y la posibilidad de no saber.
  • Permitir la creatividad.
  • Otorgar mérito al compromiso personal.
  • Dar valor a las diferencias como enriquecimiento posible y no como fuente de problemas.
  • Incluir la complejidad, la confusión y la crisis en lugar de intentar simplificarlas.
  • Entender los derechos propios y ajenos como recursos importantes para la puesta de límites.
  • Otorgar igual importancia a la forma que a los contenidos.
  • Buscar formas de sanción que permitan reaprendizajes.
  • Resignificar y redefinir las proposiciones que cierran caminos, para abrir posibilidades.
  • Registrar y tomar coherencia entre los diversos aspectos de las experiencias.
  • Reflexionar sobre nosotros mismos y nuestras conductas en lugar de revisar a los otros.
  • Intentar integraciones y nuevas articulaciones.
  • Apreciar el valor de los errores como fuente de corrección y nuevos intentos.

La red en su abordaje puede ser vista desde diferentes ámbitos según la intencionalidad de la misma y el soporte social con que cuente:

En el medio comunitario se puede hablar de redes familiares, comunitarias e institucionales, ya que a partir de las redes se construyen identidades, límites y significaciones, que aportan positiva o negativamente a estos sistemas dando la posibilidad de reflexionar y establecer intercambios verbales y no verbales que permiten mantener, ampliar o crear alternativas para la solución de conflictos o problemas afines a sus integrantes.

A la vez las redes sirven de soporte estructural de valores y creencias que se fortalecen en tanto que quienes la conforman la enriquecen con sus aportes personales y sociales.

Desde la perspectiva de los procesos preventivos el trabajo en red se constituye en una herramienta valiosa para la construcción de nuevos paradigmas en las comunidades y familias de tal forma que encuentran otras maneras de afrontar sus situaciones de crisis a partir de las vivencias compartidas y las experiencias conjuntas.

Para la ACJ-YMCA las redes comunitarias e interfamiliares son soportes de autogestión, desarrollo personal y colectivo. A partir de esta estrategia, las familias y comunidades establecen vínculos y recursos comunes que desarrollan a favor de sus necesidades y estructuras afectivas, económicas y sociales.

Para la ACJ-YMCA incorporar el trabajo en red en los procesos significa la posibilidad de desarrollar potencialidades, recursos materiales y no materiales y habilidades en los nodos familiares y comunitarios, obteniendo como resultado avances concretos de apoyo y ayuda mutua.

 

 
     

AUTORES: Emelda Castañeda, Gladys de Rojas, Gloria Hidalgo, Jeannette Herrera, Myriam Orozco, Leonor Avella, Patricia Fajardo . DISEÑO WEB: Claudia González . TRADUCCION: Alveiro Valencia . CORRECCION DE TEXTOS: Myriam Díaz. PHOTOGRAPHS: Julio Cabra
ACJ-YMCA Bogotá-Colombia, enero 2002