La bondad, amor y solidaridad de nuestros donantes han dejado huella en la vida de niños, niñas y familias, así:

670 niños, niñas y jóvenes participaron de actividades formativas que contribuyeron a fortalecer su autoestima y sus habilidades sociales, disminuyendo así el riesgo de vincularse a problemáticas sociales presentes en sus contextos (pandillas, consumo de SPA, prostitución, explotación sexual, vinculación a conflicto armado).

200 niños, niñas y jóvenes se beneficiaron de implementos educativos como matrículas, útiles escolares y uniformes necesarios para su permanencia en el sistema escolar.

El nivel nutricional de 550 niños, niñas y jóvenes mejoró con el suministro de alimentos ofrecidos a través de la campaña "Enciende una luz" y 50 de ellos recibieron tratamiento especializado, disminuyendo su estado de desnutrición.

435 niños, niñas y jóvenes gozaron de su derecho al sano esparcimiento, disfrutando de espacios lúdicos y recreativos a través de salidas pedagógicas que ampliaron su visión de ciudad.

725 familias fortalecieron sus vínculos afectivos desarrollando habilidades para el beneficio de su dinámica familiar.

Testimonios de nuestros beneficiarios

A continuación conozca las historias que hemos podido cambiar gracias al apoyo de los donantes de la campaña "Enciende una luz, deja una huella"

Aldair Ávila Vergara
Yo era un niño campesino, allá teníamos caballo y otras cositas. Yo nací en Bogotá y de dos años me llevaron a Sincelelo. Pero un día llegaron los paras y nos sacaron, dijeron que nos teníamos que ir de la zona. Dejamos todo lo que nos pertenecía allá, un señor nos trajo en un camión sentados en el piso y llegamos acá a Bogotá y no sabíamos a dónde ir.

Nos la pasábamos en la calle, no teníamos qué comer y yo era muy grosero. Me sentía rabioso y un día casi intenté suicidarme. Con el tiempo encontramos una madrina que nos dio posada en su casita donde viven otros inquilinos, pero tenemos que pagarle arriendo. Nosotros estamos sin papá, él nos pasa una mensualidad pero es muy poca.

A mi hermano le gustaba jugar máquinas, estafar y robar, mi mamá no nos ponía cuidado, hasta que un día una señora que pasó frente a la casa se hizo amiga de ella y la invitó a la ACJ.

Yo no sabía nada por que no estudiaba y ahora estoy estudiando, estoy en 3o y el cambio lo tuvimos mi familia y yo.

Mi hermano ahora es un niño muy educado, mi mamá nos ayuda en nuestras cosas. En el programa hacemos muchas cosas: talleres prevocacionales, refuerzo escolar donde nos ayudan a adelantarnos, nos enseñan a valorarse uno mismo, tenemos talleres culturales de danza, teatro y títeres. Yo ya he tenido dos presentaciones.
Gracias a Dios el programa de la ACJ en Cazuca le ayuda a mi familia.
Aquí también nos dan de comer, pero antes de darnos el refrigerio hacemos una oración por las personas que no tienen techo hoy.
El año pasado pude ir al campamento de la ACJ, había piscina, nos daban desayuno y todas las comidas hasta con postre. Jugamos muchas cosas y me sorprendía la naturaleza, los mosquitos y todo como estaba de bonito.

En las noches hacíamos caminatas y un taller para botar lo que no nos gustaba de nuestra vida y así cambiar.

El campamento me permitió entender que si yo quería ser alguien en la vida tenía que valorarme por mi mismo y además estudiar, que debía querer a mi familia y no ser grosero.
Mi sueño es ser autor y escribir novelas.


Indi Jimenez
Antes mi familia era un desorden completo, todos en la casa peleábamos, yo era muy grosera, me la pasaba en la calle y me sentía menos que los demás, mis amigas me hacían sentir mal.Yo me la pasaba en la calle de tienda en tienda, en los parques, con amigos, lejos de la casa.

Por la situación económica nos tocó ir a trabajar un buen tiempo en la calle. Mi hermana comenzó desde los 6 años, mi mami vendía galletas y mis hermanos de 14 y 16 años se subían a los buses a vender dulces y yo le ayudaba a mi mami a vender galletas, dulces, frunas y a veces cuando ya era tarde a las 6 de la tarde que empieza a oscurecer, yo cogía un trapito y empezaba a limpiar las farolas a los carros y yo iba pidiendo plata. La gente me preguntaba para que era y yo decía que era para la matrícula y los útiles escolares porque mi mami nos sacó de estudiar y nos tuvo un año trabajando.

Desde que conocí la ACJ me empezaron a enseñar cómo valorarse uno mismo, entendí que yo valgo mucho más de lo que creia. Todo lo que me iban hablando en la ACJ, yo lo contaba en mi familia y mis hermanos y mi mami empezaron a cambiar. Antes cada cual cogia por su lado, ahora mi mami cogió las riendas de la casa y empezó a poner reglas y todos le hacemos caso y nos tratamos bien.
Yo ya me la paso en la casa, así sea viendo tele, pero con mi familia.

En este momento estoy en 6o grado. La ACJ me ha ayudado con un kid escolar y para mitad de año me ayudarán con el uniforme porque me está quedando chiquitito.

Desde que entré al programa de la ACJ en Cazuca todo me ha gustado, cuando puedo voy todos los días, me parece muy chevere. Cada taller es con un método diferente y nos deja una enseñanza. Jugamos y escuchamos a la profe. El refuerzo escolar, por ejemplo, es un juego grandotote donde participamos por grupos y ganamos puntos. Además aquí nos dan algo de comer. En mi casa no siempre tengo la oportunidad de comer, en las mañanas para salir al colegio no siempre hay desayuno y nos toca hasta por la tarde a las 6 que regresamos del colegio.


Isabel

Mi casa es de madera y queda en Cazuca en el barrio Altos del pino, en el cuarto tenemos 3 camas y ahí duermo con mi mamá y 4 hermanos más.

En estos días que ha llovido ha sido difícil porque toda el agua se entra y el piso es de tierra entonces estamos encima del barro.

Nunca vemos televisión porque tenemos un tele pero no nos llega la luz. No hay servicios por donde yo vivo. El agua, por ejemplo, llega solo cada ocho días y solo durante media hora, pero no nos podemos bañar porque mi mamá la guarda para comer.

Yo desde pequeñita vendía flores en la Zona Rosa, en Fontibón, Modelia, Chapinero y Galerías. Yo ya estaba acostumbrada, pero lo duro era el frío a la madrugada. Nos íbamos a trabajar desde las 4 de la tarde hasta las 5 de la mañana y nos tocaba caminar por entre las discotecas.

Los porteros a veces estaban pendientes de nosotros. Yo iba con otras dos niñas y una noche un muchacho se fue detrás de nosotras con un lazo a intentar cogernos, pero salimos corriendo y logramos escaparnos, pero otra noche a una compañera la violaron.

Ahora estoy validando 8o y 9o y sueño con ser azafata. El programa Yo amo la vida de la ACJ me queda a media hora caminando desde mi casa. Pero aquí están también mis hermanos y ya no callejean tanto, además la profe ha hablado con mi mamá y ahora nos pone cuidado.


Natali Quibano, es un a chica de 17 años, vive en cazuca con sus padres, dos hermanos y una hermana. lleva un año y medio en el programa, todavía no es líder autónoma, pero se siente orgullosa de hacer parte del programa. Este año termina el bachillerato, quiere estudiar administración de empresas y sueña con salir con sus padres del barrio donde viven.

Natali no tenia buena relación con sus padres y hermanos, no había dialogo en su casa y era demasiado agresiva. pero gracias al programa y a la campaña "Enciende una luz", los talleres y los lideres, ha cambiado la situación, ahora predomina el dialogo en su casa y es mas relajada.

Ella afirma que si no estuviese en el programa, estaría todo el día en la calle, no tendría que preocuparse por nada. realmente la vida en las calles de cazuca es difícil, los chicos ayudan a sus madres trabajando, otros evaden sus problemas fumando marihuana y robando.

También nos contó que ya dos veces ha estado en campamento, el año pasado y este. Dice que estas actividades le ayudan a alejarse de la habladuría de sus vecinos, además se respira un ambiente distinto le hace sentirse bien. los que mas le gusta de esta actividad son los talleres, la piscina, las cabañas.

“Que rico seria que todos pudieramos participar en la ACJ y no estar en la calle. Yo le doy gracias ha estas personas que nos han ayudado, por que ahora tenemos los campamentos y por todo lo que hemos trabajado. También agradecer a la profesora Andrea que sabe expresar sus sentimientos; el profesor Juan es amigable, se puede hablar con el y Arnulfo juega con nosotros, sabe meterse en el papel de ser niño”.


DANIEL CAMILO SANCHEZ

Daniel Camilo Sánchez, es participante del programa “Yo amor la vida”, tiene 9 hermanos cuyas edades van desde los 7 hasta los 13 años, solo 5 de ellos están en el programa.

Antes de entrar al programa, Daniel tubo que trabajar en los colectivos de Abastos voceando y cobrando a los pasajeros. A él eso le gustaba aunque era duro, pero también acepta que desde que entró a la ACJ, su vida es distinta, ahora es más respetuoso y menos imperativo.

Asiste todos los días al programa, esta en cuarto de primaria y va todas las mañanas al colegio.

Dice que lo que más le gusta de “Yo amo la vida”, es que allí le enseñan a hacer manillas, croché y aprende ingles, cuando no entiende algo se lo explican, le ayudan con las tareas y tiene un cambio en su forma de pensar y actuar frente a los demás.

“Me gusta mucho el programa en el que estoy, porque uno se porta juicioso y lo traen a campamentos, allí nos recrean y nos dan refrigerio, a mi me gusta los refrigerios porque no todas las veces tengo la posibilidad de comer así de rico”

“yo quisiera darle gracias a todos aquí por lo que me han dado y porque los profesores que son muy buenos conmigo”.


BLANCA ASUSENA RODRIGUEZ

Blanca, vive en el barrio Luis Carlos Galán en Cazuca, con sus papas, hermanos, abuela y un perro.

Lleva en el programa de "Yo amo la vida" dos años y su vida ha cambiando por completo; antes se la pasaba en la calle, nunca hacía tareas y estaba perdiendo varias materias. Ahora que esta en el programa, sabe que debe ser más responsable.

El cambio también ha sido por parte de sus padres, quienes asisten a los talleres. Ellos antes tomaban y le pegaban mucho, con los talleres aprendieron que no se debe responder con violencia y por el contrario son cariñosos con todos sus hijos. Gracias a esto blanca quiere más a su mamá, se lo demuestra hablando más con ella y dándole detalles.

Lo que a blanca más le gusta del programa, son los profesores, porque ellos tienen una manera muy especial de tratar a los niños, siempre buscando la igualdad, adicional, cuando alguno comete un error, ellos saben explicárselo.


La ACJ es un lugar donde
encontré encontré la alegría
gracias a ustedes

OSCAR EDUARDO BARRIOS es uno de los niños del programa Yo Amo La Vida. Antes trabajaba como ayudante en los colectivos de abastos y cargando leche. Le pagaban por esto, pero como no sabe sumar, realmente no sabía cuanto era que ganaba. Vivía feliz con el hecho de tener plata en sus manos aunque tuviese que madrugar.

Sumado a esta situación, vivía con su abuela y ella le pegaba mucho, el sentía que no lo querían, pero todo cambio, con la llegada de la ACJ y la de su mamá.

“Mi familia ahora es chevere, por que antes mi abuelita me pegaba mucho, porque mi mamá no estaba, pero ahora como ya vino , ya no me maltrata ningún familiar. Ya me quieren todos, porque yo ya me porto juicioso”.

Oscar ahora vive con su mamá y con sus tres hermanos, Cristian, Jesick y Daniela y gracias a lo que todos han aprendido en la ACJ ya no hay maltratos sino mucho cariño. El juego y el diálogo ha entrado a formar parte de la vida cotidiana y Oscar quiere mucho a su mamá.

“Prefiero venir a los programas porque me enseñan cosas valiosas, nos hablan de Dios ,como comportarnos con los demás y me gusta todo lo que nos dan de alimentos, las alverjas, las lentejas ... porque eso me sirve para crecer, para engordar, para el celebro y para hacer las tareas."

Él asiste a los talleres que brinda la ACJ, a su corta edad tiene muy clara las reglas que mantiene la asociación. “Yo no puedo hacer lo que quiera, tengo que cumplir las reglas de la ACJ que son: amor por los recursos, comportar se bien para los paseos”.

GRACIAS al generoso aporte de 504 donantes a la campaña "Enciende una luz, deja una huella", atendimos niños, niñas, jóvenes y familias en situación de vulnerabilidad social de la ciudad de Bogotá y obtuvimos los siguientes resultados:

605 niños, niñas y jóvenes desarrollaron un proyecto de vida positivo, cambiando las actividades en las cuales se estaban involucrando: Trabajo en calle, delincuencia, consumo de psicoactivos y vida en calle, por la decisión de vincularse a procesos escolares, formativos y programas de aceleración de aprendizaje que les facilitan la integración plena a procesos de educación formal. 200 de ellos se beneficiaron de apoyo para uniformes y útiles escolares, lo cual, contribuyó a su adecuado desempeño académico.

460 niños, niñas y jóvenes disfrutaron de raciones alimenticias diarias y 50 de ellos, quienes se encontraban en estado de desnutrición severa, recibieron tratamiento especializado acompañado de complemento nutricional que permitió equilibrar su peso y mejorar su desenvolvimiento en las actividades cotidianas.

212 niños, niñas y jóvenes desarrollaron actividades lúdico-recreativas y conocieron sitios de interés cultural, que motivaron su deseo a trabajar colectivamente para acceder a otras oportunidades de sano esparcimiento que la ciudad brinda a sus ciudadanos.

612 familias recibieron orientación para la formación de sus hijos y fortalecimiento de relaciones afectivas, evitando el maltrato físico y moral. Además, desarrollaron acciones de mejoramiento de sus viviendas y en algunos casos se beneficiaron de oportunidades de acceso a empleo.